Decidí emprender como entrenador personal mientras cursaba mi segundo año de bachillerato en la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, en el año 2018.
Durante este período de mi vida estaba interesado en trabajar en agencias publicitarias para el desarrollo y representación de identidades de productos y empresas en el campo del bienestar físico. Sin embargo, mis deseos se vieron sublevados por una pandemia que destruyó a la economía y el mercado laboral. En efecto, obligándome a aceptar la oferta de empleo más inmediata en un gimnasio de cadena. Y cuando comencé como entrenador me topé con:
Entrenadores mal capacitados,
Una industria altamente competitiva e individualista;
Un entorno digital que genera expectativas inalcanzables y mitos sobre la salud y ejercicio;
El reto de la inestabilidad salarial y carencia de beneficios laborales;
Consumidores que fueron ¨hustled¨ por los vendedores del gimnasio.
Una cultura de trabajo explotadora en la que era casi imposible tener horas razonables y ser capaz de costear una vida digna en la isla.
El estrés económico y la enajenación social durante el periodo de la pandemia, en efecto, radicalizaron mi deseo de romper con las prácticas de negocio de los gimnasios tradicionales. Por lo tanto, me negué a ser cómplice del proceso de ventas impersonal, ineficiente y rígido de los gimnasios. En el cual los prospectos eran citados, conocían al director de ejercicios para ser evaluados superficialmente y eran asignados expeditamente según la disponibilidad de cada entrenador para comenzar de inmediato. Casi nunca eran evaluados correctamente y pareados según sus necesidades con los entrenadores apropiados, lo cual retrasaba la programación de ejercicios.
En otras instancias, chocaba con la presión de venderle nuevos contratos con mayor cantidad de sesiones a mis clientes porque eran ofertas que venían directamente desde la gerencia con el motivo de garantizarles su bono. No estaba dispuesto a perjudicar la relación entrenador-cliente que yo había forjado porque degradaba mis interacciones con mis clientes a que fueran simples transacciones. Se me cargaba la consciencia porque estaba familiarizado con las necesidades actuales y tiempo disponible de los clientes; por el cual, no podía convencerlos en buena fe a que sobrepagaran por servicios que no les hacían falta.
Pero sobretodo me opuse, a las prácticas de mercadeo de estos gimnasios que reflejaban implícitamente un desinterés por las necesidades de las personas de edad avanzada y con condiciones crónicas. Observé que había un alto grado de deserción entre los clientes de tercera edad y con condiciones crónicas porque se les vendían paquetes de entrenamiento que jamás iban a satisfacer sus necesidades porque el gimnasio no contaba con suficientes entrenadores especializados. En cambio, pude contrastar cómo esta clientela sí valoraba mis servicios individuales, porque generalmente repudiaban como otros entrenadores o gimnasios los trataron desconsideradamente, gastaron su tiempo y hasta lesionaron.
Por ende, a causa de este trasfondo, me propuse contrastar estas prácticas mediante mi negocio independiente. Yo no vendo la promesa de estar “fit”. Sino, me enfoco en la elevación de las capacidades funcionales y el sentir de las personas en vez de ilusionarlos con expectativas de progreso lineal. Con cada cliente, evalúo holísticamente sus recursos, circunstancias, estilos de vida, hábitos y nivel de compromiso con sus metas personales para establecer un programa de ejercicio viable. De tal manera, relaciono emotiva y racionalmente a cada individuo con una visión de cambio que prioriza cumplir sus metas de una manera holística.

Guiar a cada cliente en su proceso de cambio con planes personalizados y sostenibles para que puedan sentirse gratificados por su esfuerzo. Crear espacios seguros e inclusivos para que las personas se sientan cómodas ejercitándose. Conectar a cada persona con el deseo de autoactualizarse y ser una mejor versión de sí mismo.
Crear una facilidad de entrenamiento holística, inclusiva y solidaria que vaya en contra de la cultura hegemónica del fitness. Esta facilidad y su equipo rechazará la competencia comercial, y se enfocará en el sentido de la responsabilidad cultural y el desarrollo de intervenciones en las comunidades para atender la desigualdad y opresión sistemática e institucional.
Visualizo un espacio social y físico donde se pueda desmercantilizar el bienestar físico como objeto de deseo, marca y símbolo de estatus. Para así, abandonar la idealización de los cuerpos musculosos, magros y productivos, que generan la percepción de que los cuerpos no ideales deben ser corregidos, o sino rechazados. Quiero asegurar que todo tipo de persona discriminada por la cultura hegemónica como: las personas de edad avanzada, las personas con condiciones crónicas o que padecen de sobrepeso, y les integrantes de la comunidad LGBTQIA+ estén seguros y en comunidad mientras se ejercitan y comparten en mi facilidad.
Quiero integrar a todo tipo de persona para descolonizar una industria que ha sido cooptada por los cánones de la supremacía blanca, el patriarcado cis-heteronormativo y la capitalización de los cuerpos humanos. Y extender la descolonización de nuestras comunidades, empresas e instituciones para crear una sociedad más justa donde sea que se pueda.

“Si leíste toda esta sección, te parecí un entrenador compatible y empatizas con mi visión, lo que falta es llenar el formulario para yo darte seguimiento y comenzar tu proceso de cambio. ” - Juan Pablo Rivera